LA CULTURA DEL BUEN PAN EN CADA HOGAR
QUEREMOS QUE ENCONTRAR UN BUEN PAN SEA TAN FÁCIL COMO SALIR DE CASA Y DOBLAR LA ESQUINA. LLEGAR A MÁS MESAS Y A MÁS BARRIOS SIN CAMBIAR NUESTRA MANERA DE HACERLO. SEGUIR HACIENDO UN PAN CON ALMA Y CON UNA HISTORIA DETRÁS, CAPAZ DE CONVERTIR UN DÍA CUALQUIERA EN UN BUEN DÍA.
Crecemos y evolucionamos, pero con una condición: que aquello que nos define no cambie. El respeto por los tiempos, la atención al detalle y las ganas de hacerlo mejor cada mañana nos acompañan en todos nuestros obradores.
Compartir el pan es el gesto más antiguo que tenemos. De ahí viene la palabra compañero: de compartir el pan con alguien. En la mesa siempre cabe una silla más, y eso es lo que nos gusta de este oficio.
Queremos que tener buen pan en casa sea el ritual de cada día, para disfrutarlo en compañía y para que ocupe el lugar que le corresponde en la mesa: siempre en el centro.
DE MANO EN MANO, CADA DÍA
HACEMOS EL PAN COMO SE TIENE QUE HACER Y QUEREMOS QUE SE NOTE EN LOS INGREDIENTES QUE ELEGIMOS, EN LA CORTEZA QUE CRUJE CUANDO LA ROMPES Y EN EL BUEN DÍA QUE TE DAMOS EN EL MOSTRADOR.
La artesanía es nuestro oficio. Empezamos de cero cada mañana para hacer cada pieza, una a una.
En el obrador conviven panaderos con muchos años de oficio y gente que acaba de empezar, y todos aprenden de los demás. No hay una manera antigua y otra nueva, hay una manera de hacerlo bien. El oficio se mantiene vivo porque se transmite de mano en mano.
Usamos pocos ingredientes y los conocemos bien: de dónde vienen y qué aportan. El mismo cuidado se encuentra en el mostrador y en cada pequeño detalle. Queremos que entrar en Baluard sea como llegar a casa, que te conozcan, que te cuenten qué hay de nuevo y que te vayas con el pan caliente, listo para disfrutar.
Hacer buen pan es nuestra manera de hacer feliz a la gente.
LA HERENCIA QUE SIGUE CRECIENDO
VENIMOS DE UNA FAMILIA DE PANADEROS. CRECIMOS ENTRE SACOS DE HARINA, VIENDO A NUESTRO PADRE AMASAR Y A NUESTRA MADRE ATENDER EL MOSTRADOR. LO APRENDIMOS EN CASA, AL LADO DEL HORNO, Y AHORA NOS TOCA CUIDARLO PARA QUE LLEGUE MUCHO MÁS ALLÁ DE NOSOTROS.
Empezamos en un barrio junto al mar, con un horno de leña y un pan que los vecinos venían a buscar cada día. Años después seguimos amasando cada mañana con el mismo cuidado y respetando los mismos tiempos, solo que ahora lo hacemos en más obradores para llegar a más manos.
Hemos crecido, pero no hemos cambiado nuestra manera de hacer. Y eso es precisamente lo que queremos que notes cuando entras, o incluso antes, cuando el aroma sale a recibirte a la calle.
Lo que viene ya se está cociendo. Sabores que todavía no conocemos, recetas que aún no tienen nombre y una manera de entender el pan que crece al compartirla con cocineros, artistas y vecinos. Porque hacer pan es nuestro oficio y también nuestra manera de decir quiénes somos.
¿CREES QUE TU FUTURO ESTÁ AQUÍ?
Elevamos lo cotidiano a través de la honestidad, la calidad y la alegría. Trabajamos cada día para ser un referente contemporáneo donde tradición e innovación conviven, elaborando pan con alma, hecho cada mañana como si fuera el primero.
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